viernes, 23 de enero de 2015

Después de la guerra mucha hambre











Después de la guerra,pasamos mucha hambre, menos mal que nuestra madre era muy valiente, muy echada para delante y enseguida buscó una manera de darnos de comer a través de una persona que daba  cupones para acudir a lo que se llamaba " el auxilio social". En un principio solo consiguió tres pero éramos cinco y la mujer se las arregló para conseguir esos dos cupones que le faltaban. Era una mujer admirable que removía cielo y tierra o caminaba hasta sonde fuera preciso para conseguir comida. Gracias a ella pudimos alimentarnos en aquellos tiempos tan crueles y dolorosos de la guerra civil. Recuerdo que íbamos a un asilo de ciegos que estaba cerca de casa con nuestro caldero en la mano. Estábamos las primeras en la puerta por temor a que se agotara la comida, pero antes de conseguir el objetivo había que tomar una cucharada de aceite de hígado de bacalao. Y claro como teníamos tanta hambre cerrabas los ojos y hala para adentro. O eso o no comías, así es que no había nada que pensarse.
Tampoco se me olvida el ruido de los aviones cuando tiraban naranjas y pan. El pan era horrible, no se podía ni masticar.  A veces pienso que lo hacian a propósito, para que sufriéramos todavía un poco más. A veces mi madre podía traer unas pocas patatas y nos daba hasta las mondas muy lavadas, un poco churruscadas y con sal...la verdad es que entonces nos sabían muy bien.. Y es que no había otra cosa en ese tiempo. Ahora lo pienso y cada vez quiero más a mi madre y aunque en estos momentos no este con nosotros os diré que era lo más de lo más, una mujer muy valiente como os decía al principio ....
Ah ,se me olvidaba decir que las naranjas se explotaban todas al caer pero no importaba nos las comiamos y nos sabían a gloria...

lunes, 5 de enero de 2015

En las trincheras con mi querido padre






Mi querido padre 

Mi padre estuvo con las brigadas internacionales que venían de diferentes países, había italianos franceses, ingleses y conocimos a algunos porque los llevó a casa y alguna vez se quedaron a comer.
Eran muy simpáticos aunque no entendíamos mucho pero hacíamos lo posible por comprenderlos y ser amables. Un día cuando estaban a punto de marcharse y todos estábamos tristes, uno de los italianos de repente tuvo la ocurrencia de decir a mi padre que porque no me llebaban a mi a las trincheras que solo estaríamos esa noche. Yo estaba emocionada y empecé a llorar porque mi madre no dejaba que me fuera y yo no paraba de insistir en que me quería ir con papá ....en fin que mi pobre madre sufría solo de pensar en los peligros de marcharme aunque fuera con mi padre a un sitio como eran esas zanjas enormes donde la guerra era atroz " los niños ya están pasando aquí la guerra y no van a ir a ningún sitio" pero al final me fui.


Mi adorada madre 

Recuerdo a mi padre como un hombre maravilloso y por supuesto no nos paso nada y yo no sentí miedo con el resplandor de las bombas que se veía a lo lejos  ai contrario que en mi calle, con mis amigos que nos moríamos de miedo cada vez que escuchábamos el silbido inconfundible de los obuses. No se si voy a escribir más de esa maldita guerra que fue horrible. Para terminar de contaros
esta historia os diré que después de aquella noche en las trincheras mi padre nos dejó en casa y él se marchó otra vez al frente.